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Soy tu alumno

Da igual que desvíen la mirada a otro lado, y siga la mentira a lo largo de los años. Al final los resultados lo dicen todo. Pensemos si no en los datos sobre la próxima graduación. 6 de cada 10 alumnos han pedido para colocarles la banda una persona ajena a la Facultad. No se trata de que haya gente que prefiera que su padre le ponga la beca a algún profesor suyo. Es que prefieren a primos segundos, parientes lejanos, amigos o simples conocidos antes que alguno de los 100 docentes que ha tenido a lo largo de la carrera.

Pero no es sólo una relación 60/40. De esos 4 alumnos de cada 10, la mayoría es indiferente o se elige siempre a algún profesor en concreto como Ofelia, una de las pocas que aún entiende cómo deben ser las cosas. Apenas un par de nombres.

Estos datos son una muestra de la relación de los alumnos y profesores. Del cariño que les tenemos, de lo que nos aportado, de la ayuda proporcionada. Y es lamentable.

No se puede negar el hecho de que docentes y alumnos viven separados. Que hay dos clases, dos grupos compartiendo espacio pero sin apenas tocarse, como si fuera nobleza y pueblo llano. Profesores que no saben los nombres de los alumnos, alumnos que no ven al profesor salvo en el examen, y todos juntos celebrando un acto totalmente hipócrita.

¿Cuándo falló esto? ¿En qué momento maestro y discípulo se separaron? ¿En qué instante se dieron la espalda y decidieron ignorarse?

La respuesta es desde el primer instante en el que pisamos la facultad. Desde 1º, primer día, primera hora. Cuando llegamos con ganas y con interés, llenando el aula hasta arriba y esperando una mano del profesor que no llega nunca. Ahí es cuando empieza todo.

El profesor que te ignora, que te desprecia, que no tiene tiempo…Que en pocos días ya está echando a perder los siguientes 6 años, que no supondrá para nosotros más que un trámite y un obstáculo a superar. A él le digo:

Soy la razón de que estés ahí subido a la tarima.

Soy el proyecto más importante de tu departamento.

Soy el que continuará tu trabajo cuando ya no puedas hacerlo.

Soy tu herencia y tu futuro.

Soy tu heredero. Tu discípulo, tu aprendiz, tu maldito hijo académico.

Soy tu alumno. Y lo has olvidado.

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